Autismo, tenemos que hablar

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María Rodríguez
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Estimado  Autismo:

Creo que es conveniente que tengamos una conversación. Jamás nos han presentado formalmente, entraste en mi casa sin darme cuenta y nunca pensé que podías llegar a mi.

Te instalaste en mi vida de forma silenciosa, casi imperceptible para una mamá primeriza como yo. Me engañaste, y me utilizaste para instalarte en mi familia, porque fui yo la primera que te protegí. He llegado a encubrirte y dar explicaciones absurdas pensando que en ellas se encontraban la más absoluta de las normalidades.

No me caes mal, de hecho cada vez más nos vamos entendiendo, pero esa manía tuya de cambiar tan constantemente a lo largo de los años me tiene todavía algo desconcertada. No eres muy constante y eres bastante mandón y dictador. Además, he descubierto que salir contigo de paseo puede llegar a ser peligroso.

No sueles hacerme nada de caso y me dificultas cualquier pequeña tarea cotidiana. Eres tú el que elige la música, la comida, las personas, los juguetes y los horarios. Me tienes constantemente a tu servicio y he tenido que aprender nuevas formas de comunicación para poder entenderte. ¿No te das cuenta de todo lo que tengo que hacer para que sigas aquí con nosotros? Me pregunto por qué sigo haciéndote la vida tan fácil, porque parece que crees que el mundo gira en torno a ti, pero te equivocas. Te dejé instalarte en mi vida y en mi familia porque elegiste a Farid, y él sí que es mi mundo.

Te cuido, te entiendo, te protejo, te enseño, te mimo y muchas cosas más sólo para que le cuides y le hagas la vida un poco más fácil a mi Pequeñito. No sé qué sería de ti si no fuera por mí y por todos a los que les he contado que existes y me ayudan en la difícil tarea de educarte. Sé que a veces no quieres escucharme y te gusta taparte los oídos, pero hoy me vas a escuchar.

Eres la parte de mi vida que más me ha costado entender. Eres uno de los motivos por los cuales a veces pienso que estoy cansada, y eso que no me gusta decirlo. Odio no poder, todavía, entenderme contigo y que no me digas qué le pasa a mi hijo desde que tú estás allí dentro. Me enfadas, me has hecho llorar, has provocado que esté triste y que sienta que no estoy haciendo bien las cosas. Has querido sacarme de mis casillas, pero créeme que no lo harás. No sigas intentándolo, puedo llegar a tener una  paciencia infinita.

He llegado a pensar que eres el protagonista principal de mi vida, pero luego miro a mi hijo y él me mira a mi. Una mirada profunda, donde el corazón me habla y puedo entenderle. Me habla sin palabras y sobretodo, con esa mirada no para de decirme que me quiere. Me mira, a pesar de que tú no quieras hacerlo y me mira, y en ese momento, tú no existes entre nosotros.

Adoro los momentos en los que no estás. Ya he encontrado algún truco para que te ausentes algún que otro ratito y me dejes a solas con mi Pequeñito. He descubierto que contando hasta 5 te vas, que cuando canto alguna canción de Cantajuegos te alejas, que si te doy un susto desapareces y de que si le pido a Farid un beso no estás. Son cada vez más las formas en las que encuentro alguna manera de que te alejes, aunque sea sólo un ratito.

Resulta que por tu culpa no tengo ni una sola foto decente, es por ti que Farid aprieta sólo un botón de su juguete favorito, llora cada vez que intentamos ir a un centro comercial y es por tu culpa que vivimos condenados a la batería de una tablet (esa que tanto te gusta). Me tiras del pelo, a veces me das patadas, lloras, gritas, te muerdes el dedo y cada vez que haces eso no te duele a ti, sino a mi. Me duele porque se lo haces a él y me doy cuenta de que no todo puedo cambiarlo. Me rendí, pero no has ganado ¿Y sabes por qué? Porque cuando te miro ya no te veo a ti sino a Él y en todas las cosas buenas que tiene y que hace sin que tú partícipes en ello.

Te escribo para decirte que no estoy enfadada contigo, como ya te he dicho, me caes bien. Te advierto, si no quieres tener problemas, que cuides muy bien a mi hijo. Te recuerdo que vas a convivir con la persona más importante de mi vida, esa que no crece para ti sino por mi.

Por mucho que te empeñes Farid es mucho más mío que tuyo y cada vez que me mira y sonríe él solito me dice que lo es.

Espero que el complemento de omega-3 vaya siendo de tu agrado. Estoy pensando en comprar una agenda e ir apuntando las tareas para ver si así te vas poco a poco adaptando. Voy a tener paciencia contigo y cuidarte no por lo que eres sino por a quien tienes.

Espero que pronto nos hagamos más que amigos.

Fdo: la Mamá de Farid.

Pd: Siempre serás más mío que de nadie, mi Pequeñito. TEA-doro.

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