Dolor y Gloria no es solo una peli de Almodóvar

leer más
María Rodríguez
leer historia

Soy muy fan de Almodovar, de sus películas y de las grandes historias que cuenta a través de personajes sencillos que se convierten en grandes protagonistas. Pedro nos muestra historias que pueden parecer invisibles, pero son justamente todo lo contrario. Nos invita a ponernos en la piel del otro, una bonita forma de dar voz a quienes a veces son más olvidados.

Y hablando de olvido, es una obviedad que a lo largo de estos últimos años, hemos olvidado por completo lo imprescindibles que son nuestros profesionales sanitarios. Gracias a ellos, estamos consiguiendo salir de esta situación. Ellos y ellas se han puesto en primera linea de batalla, sin condiciones ni opciones, para luchar en una guerra en la que muchos hubieran huido.


Tengo la sensación de estar en deuda con cada uno de ellos, una deuda que será eterna, aunque debo reconocer que siempre me he sentido en deuda con ellos y es que en mi corazón siempre han tenido un hueco. Me han ayudado, me han dado respuestas, me han acompañado y puedo afirmar que mi vida sería infinitamente más dura y peor si no existieran. Recuerdo abrazos en un pasillo de hospital tras un diagnóstico, a celadores amables que me han calmado entre bromas mientras se llevaban a mi hijo, a las enfermeras que me han ayudado a conocer y controlar mi diabetes, a los que me han hecho sentir segura dentro de las paredes de un hospital...Ellos y ellas me han aconsejado, enseñado, tranquilizado, cuidado, querido, apoyado y un largo etcétera. No te imaginas lo importante que es tener apoyo en momentos tan duros. Cuando recibes ese cariño, el nombre de esa persona se queda grabado para siempre en tu corazón.

Estamos viviendo una situación entre el dolor y la gloria, como la pelÍcula de Almodóvar. Aún estamos sufriendo dolor por la situación, pero miramos al futuro con esperanza pensando en lo cerca que está la gloria. Una esperanza que ha llegado gracias al incansable trabajo de los profesionales sanitarios, un regalo que nos han dado sin pedir nada a cambio. Bueno, sí. Han pedido algo, solo una cosa, pero ni siquiera hemos sido capaces de ofrecérsela a tiempo: Equipos de protección. Guantes y mascarillas para poder luchar y detener al virus. Aún así, y sin ellos, lo han dado absolutamente todo, hasta su vida y tiempo con su familia. ¿Existe algo más valiente y generoso que eso?

Solo espero que esto pase pronto, que podáis volver a casa al lado de vuestras familias. Pienso en las secuelas psicológicas de esta pandemia y en el dolor tan inmenso que habréis vivido todos y cada uno de estos días. Pienso, también, en vuestras condiciones laborales y en lo lejano que suenan ya esos aplausos. Pienso en todo lo que os merecéis y que seguramente no os llegue, en vuestra rabia cuando veis como la población se relaja y vuelve a hábitos y rutinas que nos ponen a todos en peligro.

Habéis calmado nuestro dolor, ahora tiene que llegar la gloria. Cuando llegue, será gracias a todos vosotras y vosotras.

Etiquetas: