La carta de la reflexión

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María Rodríguez
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Un 16 de Enero de 2.016 escribí este post. El debate de la conciliación está más presente que nunca desde que el COVID-19 llegó a nuestras vidas. Ahora que el teletrabajo se está imponiendo a marchas forzadas, quiero dar visibilidad a las madres que tienen que renunciar a un empleo para atender a sus hijos. Madres que cuidan y que, por hacerlo, se convierten en invisibles. Yo soy una de ellas.

Vaya jaleo que se ha armado por la entrada de un bebé, el de Carolina Bescansa, en el Congreso. ¡Cuántas críticas he podido leer en prensa, estados de Facebook y Twitter!
Lo primero que he pensado, y esto ha sido casi automático, es en un recuerdo que se me tatuó en el cerebro (y en el corazón) el día que asistí a las IV Jornadas de Psicología y Enfermedades Raras. Allí, encima del escenario, me encontré a Carmen, quién antes de realizar su ponencia en el escenario, declaró, afirmó y avisó de que ella, ante todo, es MADRE. Y lo cierto es que yo también. Desde hace 4 años, 3 meses y 29 días soy madre, la Mamá de Farid, y luego soy María, que es muchas cosas, pero todas ellas giran entorno a mi papel de madre.
Nunca pensé que la maternidad fuera a ocupar todo mi tiempo. Antes del nacimiento de mi hijo, era una mujer ambiciosa y el trabajo ocupaba un lugar primordial e imprescindible en mi vida. De hecho, cuando me quedé embarazada, estuve al frente de mis tareas hasta el último día de embarazo y eso de la baja maternal sólo supuso que llegara un poco más tarde a la oficina.
Hubo un momento en el que tuve que parar. Farid sólo tenía mes y medio, cuando mi instinto maternal empezó a sospechar que algo no iba bien. Empecé a tener dudas y miedo, acomodé la oficina y mi espacio de trabajo para que mi hijo estuviera conmigo en todo momento. Recuerdo atender a alguien mientras cambiaba un pañal o mientras le dormía. Con todo esto, quiero decirte que, en su momento, yo hice como Carolina Bescansa y lleve a mi hijo al trabajo. Pude hacerlo porque trabajaba en una empresa familiar. Si hubiera tenido otras circunstancias personales y laborales, hubiera sido impensable e imposible. 
Ejercí de madre y trabajé, pero no recibí ninguna crítica. Hasta hoy, que siento las de la Diputada como mías, o hacia mí, y voy a justificar esta afirmación.
Entiendo que la Sra. Bescansa dispone de medios y recursos suficientes para que su hijo esté atendido durante su horario laboral, pero tenemos que entender que lo que ha hecho ha sido una reivindicación a un derecho del que no hay regulación ni póliticas al respecto. Y sigo justificando mi planteamiento para que puedas entenderme un poco mejor.
Cuando Farid cumplió 6 meses, empezó nuestro duro camino en busca de un diagnóstico. Un camino que se prolongó durante casi 3 años y que aún continua. Una vez que te dicen el nombre, las citas médicas no cesan ni las terapias. Luchas, cada día, para que no se vulneren sus derechos. Lo que es sencillo para los demás, para tu familia resulta complejo o inexistente y te encuentras con cientos de barreras que ocupan todo tu tiempo derribarlas.
¿Es posible compaginar esta situación con un empleo sin morir en el intento? Lo cierto es que no, porqué seguramente te despidan antes de poder intentarlo. Mi marido y yo decidimos dejar de trabajar, nuestro hijo nos necesitaba y, también, nos necesitábamos el uno al otro. También necesitábamos un empleo, pero...¿Cómo se puede pensar en el trabajo cuando sientes que tu vida se rompe? Quien lea estas preguntas, haya leído un poco el blog y se haya puesto en algún momento en mi situación, debería estar ahora mismo reflexionando.
Cuando mi hijo nació, comprendí que necesitaba una dedicación completa. Dejé de ser María, para afirmar, como bien decía mi gran amiga Carmen, que ante todo soy Mamá. Dejé mi trabajo, mis aficiones, mis amigos, mi tiempo y mi vida anterior, para crear una nueva María que gira entorno a mi hijo y a mi papel de madre. Y lo hice porqué los derechos de mi hijo son invisibles y porque la sociedad no cuenta con la diversidad en sus planes. Y sigo justificando mis palabras. 
No pude llevar a Farid a una guardería, pasábamos más tiempo en el hospital que en casa. ¿De dónde podía sacar tiempo para la guardería? ¿Crées que lo correcto y lógico sería dejar a mi hijo a cargo de una tercera persona para trabajar? ¿Por qué tengo que elegir? ¿No es ya suficientemente dura mi situación como para tener que encontrar más obstáculos?
En estos momentos, no estoy trabajando. Si un día lo hiciera, tendría dar explicaciones, cosa que no entiendo, y contar que tengo un hijo con diversidad funcional. Por ello, he renunciado a trabajar, porque en este país no existen empresas ni condiciones  laborales que te permitan ser madre. Ser madre de un hijo con discapacidad te convierte en invisible, pero me gustaría decir que nosotras podemos con un trabajo, con una empresa e incluso pienso que, si las cosas estuvieran en nuestras manos, no habría crisis económica alguna. Pero no podemos, y no porque nos falte capacidad, sino porque nadie nos da una oportunidad y, tambien, porque nuestro tiempo lo invertimos en luchar por los derechos de nuestros hijos.
Y aquí me tomo un momento para decirles a los empresarios y departamentos de recursos humanos que puedo ser igual de eficaz, eficiente y productiva en una oficina que en casa o que puedo ser la mejor de las trabajadoras si se me ofrecen un horario especial o reducido con el que no me sienta que tengo que renunciar a algo tan importante como es mi hijo. ¿Tengo que renunciar a cuidarlo, atenderlo y criarlo para conseguir un trabajo? No señores, la vida me ha hecho renunciar a muchas cosas, pero a mi hijo jamás.
Lo que ha hecho hoy la Diputada de Podemos es llevar una pancarta al Congreso. Una pancarta que balbuceaba y que iba mucho más allá de tus pensamientos. El debate debería centrarse en la conciliación, una palabra que no existe en nuestro diccionario.

Mis circunstancias han cambiado mucho desde que escribí esta carta. Ahora trabajo con mis hermanos. Ellos siempre han creído en mí y en mis aptitudes. Si alguna empresa me hubiera entrevistado, a pesar de ser una buena profesional, me hubieran descartado a la primera. Así que quiero dar las gracias a Miguel y Manu, mis hermanos, por estar a mi lado, por no imponerme horarios, por permitirme trabajar desde casa y por ver mucho más allá de mis circunstancias.

La conciliación es una deuda pendiente con las familias, pero en el caso de las familias con miembros con diversidad funcional, la deuda es inmensa. Si luchamos por la conciliación, hagámoslo teniendo en cuenta a todas.

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