La revolución de los Colibríes

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María Rodríguez
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Hoy, 3 de diciembre, se celebra el Día Internacional de las Personas con Discapacidad. Una palabra que no me gusta y que conforme va pasando el tiempo más me voy alejando de ella.

No me gusta porque encuentro que es una excusa del diccionario, y de unos pocos, para que la sociedad no encuentre riqueza en la diversidad. Es una etiqueta, una forma de decir que un individuo no es capaz de hacer algo simplemente por el hecho de hacerlo de forma diferente.

Nos han educado, y quiero hablar en pasado, diciéndonos que las personas con diversidad funcional no pueden porque no son capaces y realmente no pueden porque no se les da las mismas oportunidades. Oportunidades que sonderechos fundamentales y que pasan al olvido en el momento en el que se decide que hay discapacidad.

Y la discapacidad existe por imposición social no por ser una condición biológica del ser humano. Es solo una palabra, porque nadie nace con discapacidad ni se adquiere con el paso de los años. Todos nacemos diferentes, con distintas capacidades que irán evolucionando en función de nuestras motivaciones, ilusiones y ganas, de nuestras aspiraciones. También de las herramientas y medios que tengamos alrededor, de nuestra salud e incluso de otras personas.

En las pasadas olimpiadas celebradas en Río de Janeiro Matthew Centrowitz, se subió al podio con un tiempo de 3:50.00 en la competición de 1500 metros lisos mientras que Abdellatif Baka, con baja visión, lo hizo en 3:48.29. Ambos ganaron el oro, pero Abdellatif lo hizo en un lugar diferente, las Paralimpiadas.

Tamiru Demisse, Henry Kirwa y Fouad Baka, compañeros y atletas que compitieron junto a Baka, hicieron una marca de 3:48.49, 3:49.59, 3:49.84, respectivamente. Todos ellos mejoraron y superaron el cronómetro del campeón Olímpico, pero la realidad es que si todos hubieran competido en una sola carrera Centrowitz hubiera quedado en 5.º lugar. ¿Quién crees que fue el auténtico ganador? ¿Es justo ese oro para Centrowitz o es injusto para Tamiru, Henry y Fouad?

Cuantísimas veces de algún familiar, o amigo cercano, hemos escuchado que nos quiere, y mucho, a pesar de no demostrarlo como nos gustaría. ¿Es esto una discapacidad? ¿Las personas que no son capaces de mostrar sus sentimientos  son “personas con discapacidad?

Os voy a poner otro ejemplo ¿Tengo discapacidad por no ser capaz de jugar al baloncesto? ¿Por tener dificultades de concentración? ¿Por qué me tengan que repetir dos veces las cosas para poder enterarme?

Cada uno de nosotros tenemos limitaciones, sean del tipo que sean, pero solo a unos pocos se les etiqueta con la palabra discapacidad y esto ocurre porque la sociedad piensa que niños como mi hijo necesitan un médico antes que un amigo, terapia antes que juego y resignación en lugar de amor. Y recuerdo que los niños como mi hijo, son iguales a todos los demás.

No sé si conocéis la Parábola del Colibrí, si no la conocéis os va a encantar conocerla.

“El Bosque está en llamas y mientras todos los animales huyen para salvar su vida un pequeño colibrí recoge una y otra vez agua del río para verterla sobre el fuego.
Un león al verlo le preguntó: ¿Acaso crees que con tu pequeño pico vas a apagar el incendió?
Yo sé que solo no puedo-respondió el colibrí- pero estoy haciendo mi parte”.

Yo soy un colibrí y por el bosque voy encontrándome con otros y nos hemos sumado a una gran revolución que probablemente comenzaron unas madres a las que alguien les dijo que sus hijos no podían, que no serian capaces.  Madres que tratamos de apagar este incendio y que vamos conociendo personas maravillosas que quieren sumarse, incluirse y participar.

Gracias a nuestros hijos nos dimos cuenta que había un incendio. Nuestro compromiso con ellos es luchar por apagarlo, no porque sea lo correcto, sino porque es justo.

¿Te unes a la REVOLUCIÓN?

M.D.R.R.M.

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