Creo en una escuela que sea de todos y para todos.

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María Rodríguez
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No soy nadie relevante ni tampoco me considero importante. No tengo un ejército de seguidores en redes sociales ni tengo amigos famosos que puedan hacer viral este texto. Por supuesto, y quiero dejarlo bien claro, no soy “maga” ni sé hacer magia. Tan solo soy una madre de un niño de 8 años. Se llama Farid y está diagnosticado con una enfermedad poco frecuente.

Desde hace 4 años, Farid asiste a un colegio público de educación especial y aunque está escolarizado en un centro específico, mi familia y yo luchamos por una escuela de todos y para todos. 

Estos días están siendo muy duros por toda la información que estoy recibiendo en mi móvil, y no hablo precisamente del confinamiento ni del COVID-19. Estoy realmente cansada de mentiras y de que ciertos movimientos sociales se aprovechen del miedo que supone la escolarización y educación de nuestros hijos e hijas para lanzar mensajes que dividen la lucha por los derechos de los niños y niñas con diversidad. 

Creo que en algo estaremos todos de acuerdo, el proceso de escolarización de un niño o niña con discapacidad, por regla general, es algo aterrador para las familias. Todos hemos tenido experiencias llenas de dolor y hemos acudido a otras familias para calmar nuestra angustia y tratar de averiguar a lo que vamos a enfrentarnos. Duele, y mucho, que después de pasar por un largo y duro proceso de diagnóstico, como es el caso de las enfermedades raras, tengamos que pasar por un juicio en el que unos completos desconocidos dictarán sentencia y decidirán si nuestros hijos pueden ir al cole y en qué formas lo harán. ¿No crees que algo que empieza tan mal debe cambiarse? 

No sé por qué estamos empeñados en afirmar que la educación especial son edificios, muros y espacios y, justamente, es todo lo contrario. La educación especial son las personas que la conforman: PTs, psicólogos, monitores, enfermeras, médicos, logopedas, fisioterapeutas, familias... Es, simplemente, una forma de enseñar en la que se ofrecen los recursos y adaptaciones necesarias para el aprendizaje. Un aprendizaje en el que es el sistema el que tiene que adaptarse a la persona y no al contrario. Si todos esos conocimientos y recursos se llevan a un colegio ordinario… ¿Cuál es el problema? ¿Está mal? Si tu respuesta es sí, creo que estas equivocada/o.

En este punto es probable que pienses que el Gobierno quiere trasladar todos esos recursos para vaciar, poco a poco, los centros específicos, pero antes me gustaría hablar sobre la situación actual de los centros de educación especial en nuestro país. 

Veo muchos halagos, pero lo cierto es que su situación es muy precaria. Hay falta de personal, algo imprescindible para la correcta atención de los niños, la mayoría son edificios que por su antigüedad no cuentan con instalaciones adaptadas o reformadas, la tecnología brilla por su ausencia ante los pocos recursos económicos y los profesionales tienen que tirar de ingenio y buena voluntad para que todo esté bien. En resumen, se encuentran al límite y esta situación es insostenible en el tiempo. En los medios de comunicación hablan de que tienen todo lo que necesitan en los centros específicos, y no sé de donde sacan semejantes mentiras. Los recursos también escasean en educación especial, sobretodo si hablamos de la escuela pública. Os aseguro que no todo es perfecto. La mayoría de personas que han hablado en medios de comunicación, no son usuarios de escuelas públicas sino de privadas y/o concertadas. Una elección completamente respetable, pero es una realidad muy distinta. No es nada comparable. 

Ahora me hablaras del acoso escolar, la violencia y que los centros específicos son la mejor herramienta para proteger a tu hijo/a.  Es aterrador pensar en esta afirmación por muchos motivos, pero antes permíteme decirte que el bullying no es un problema que afecte exclusivamente a las personas con discapacidad. La violencia se ha instaurado en nuestra sociedad de forma alarmante y las escuelas son un reflejo de ello. Esta situación se produce por las etiquetas que de forma injusta colocamos sobre las personas. Da igual que hablemos de etnia, religión, género, condición sexual, origen, etc. Hoy en día, cualquier motivo es excusa para discriminar o insultar. ¿Te imaginamos que construyéramos escuelas exclusivamente para mujeres para evitar la violencia machista? ¿Creés que es la solución? 

Hablemos de otro tipo de violencia, las miradas. Aquellas que llegan en cualquier parte y momento y que hacen un daño tan inmenso. Da igual en donde estén escolarizados nuestros hijos, esas miradas tan crueles las hemos sufrido todas las familias diversas y, lo peor de todo, es que las seguimos sufriendo cada día. No podemos cambiarlas si hacemos invisibles a nuestros hijos, está en nuestras manos cambiar el futuro.

Las escuelas deben ser espacios donde se garanticen los derechos de todas las personas. Una escuela que cuente con la diversidad, en todos los sentidos de la palabra, dará lugar a una sociedad justa. Construirla no será tarea fácil, y entiendo que todo lo que estamos escuchando de miedo, pero merece mucho la pena intentarlo. Por ellos, por nosotros y por las generaciones que vendrán después. 

Ahora me gustaría hablar sobre el origen y el porqué del debate del cierre de los colegios de educación especial. El verdadero origen.

El 13 de diciembre de 2006 la Organización de las Naciones Unidas (ONU) firmó la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad, donde se reafirma que todas las personas, independientemente de su discapacidad, deben participar plena y efectivamente en la sociedad, en igualdad de condiciones que el resto. España, fue uno de los primeros países en ratificar la convención, publicándolo en el BOE (21 de abril de 2008) y cito textualmente un párrafo que tenemos que tener en cuenta para entender qué es lo que está ocurriendo: “Visto y examinados el preámbulo y los cincuenta artículos de la convención, vengo en aprobar y ratificar cuanto en la misma se dispone, como en virtud del presente la apruebo y ratifico, prometiendo cumplirla, observarla y hacer que se cumpla y observe puntualmente en todas sus partes”. 

Bien, pues el 13 de Diciembre de 2013, siete años más tarde, la ONU emite un informe, realizado a petición del Consejo de Derechos Humanos, sobre la educación inclusiva en el que se exponen las dificultades y estrategias encontradas para crear un sistema educativo que permita hacer efectivo el derecho universal a la educación, incluidas las personas con discapacidad.

El 24 de Marzo de 2014, el Consejo de Derechos Humanos, vuelve a dar un tirón de orejas a los estados miembros, incluidos España, recordando el compromiso de cumplimiento de la Convención de los Derechos de las Personas con Discapacidad e insta a realizar las acciones oportunas para no vulnerar sus derechos.

El 26 de noviembre de 2016, el Comité sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad ante el reiterado incumplimiento, publica un documento en el que se definen, concretan y explican de forma exhaustiva las obligaciones de los estados miembros. Una hoja de ruta que establece que tienen que hacer y cómo deben hacerlo para que podamos disfrutar de una educación en la que todos tengamos lugar. 

España vuelve a pasarse por el forro todas las advertencias, haciendo caso omiso a todos los avisos hasta que se produce una primera denuncia y con ella una investigación en el que se emite un duro informe que ha sido el responsable y causante de que hoy exista el debate sobre los centros de educación especial. 

¿Qué tenemos que debatir si es la ONU la que dice que España vulnera los derechos de las personas con discapacidad a través de su sistema educativo? Te invito a leer el informe, porque es vergonzoso lo que ocurre con la escolarización de las personas con discapacidad en nuestro país. 


Imagínate que en tu puesto de trabajo te evaluarán y separarán de tus compañeros porque tus jefes, a los que todavía no te han presentado, piensan que no vas a ser productivo o que no vas a integrarte como el resto. Si esto se produjera, nos echaríamos las manos a la cabeza y todos los medios de comunicación hubieran denunciado la situación. 

Como bien he dicho antes, la educación especial no son los edificios ni sus instalaciones. Podemos encontrarla en cualquier parte, empezando en nuestras casas. El aprendizaje que construimos en nuestra casa, con todos los miembros de nuestra familia, es un claro ejemplo de que es posible.

Soy madre, ya lo he dicho antes. No tengo ningún miedo al cambio y sueño que en un futuro, espero que no muy lejano, existan los recreos tan locos como ideales, como dice Silvana Corso. Cuando conocí su historia a través de este video, nada volvió a ser como antes. Ella y Catalina, su hija fallecida con 9 años, plantaron una semilla en mi interior que sigue creciendo llena de esperanza.

Espero que sus palabras puedan cambiar tu mirada.

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