Seamos un virus

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María Rodríguez
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Son malos tiempos para pedir la palabra, ya apenas alzamos la mano y nuestras voces no son capaces de sonar tan fuerte como podían hacerlo antaño.Son malos tiempos para hablar, principalmente porque no sabemos escucharnos ni a nosotros mismos y sobretodo porque tenemos la convicción de que al contar nuestros sentimientos nos volvemos débiles. Al contrario de lo que pensáis muchos, las palabras no nos hacen débiles sino fuertes. Como he dicho, son malos tiempos para pedir la palabra, pero son aún más complicados para pedir ayuda.

En general, son malos tiempos para casi todo pero intentando encontrar una explicación al párrafo de arriba, creo que definitivamente son malos tiempos para la ESPERANZA, aquella que apagamos con más frecuencia que encendemos. Puede que la esperanza, ese sentimiento que te empuja a cambiar las cosas, sea una especie de  "enfermedad rara" y que solo 1 de cada 100000 de personas la tengan. En ese caso, más que enfermedad, podríamos hablar devirtud o de personas en peligro de extinción. Creo incluso que el desafortunado hecho de que sean menos numerosos debería motivar a que se les tuviera mucho más en cuenta que al resto, al fin y al cabo, son ellos los que NUNCA van a dejar de intentarlo, y el mundo necesita gente así.

Martin Luther King dijo una gran frase: "Si ayudo a una sola persona a tener esperanza, no habré vivido en vano" y su semilla, esa que se extendió cual virus, provocó que el actual presidente de los Estados Unidos sea hoy quien es. Sí señor, la esperanza puede ser un virus con bastante potencia de alcance si llega a la persona adecuada.

¡Ojo! No confundamos esperanza con fe. La esperanza es un sentimiento humano que crece muy adentro, en las entrañas, y que te empuja a cambiar las cosas, porque se pueden cambiar. La fe es la espera mística de que llegue la esperanza, lo que viene siendo un milagro.

Bien sabe el de allí arriba, el señor del cielo, que no puedo quedarme esperando a que la fe me ilumine, y es que ambos tenemos puntos de vista muy distintos.La fe espera a que lleguen los milagros, la esperanza los provoca y esto lo hace a través de las personas que tienen esperanza.

En mi opinión, creo que hay que dar las gracias a los que creen, pero no a los que creen en cosas místicas, santos o dioses, sino a las personas que creen en otras personas y sobretodo, a las personas que dan oportunidades a otras,porque son ellos los que crean los verdaderos y auténticos milagros.

La mirada de mi hijo, fue lo que movió mis entrañas. La que provocó un fuerte virus que desde entonces hace que esté llena de esperanza. He decidido que los esperanzad@s dejemos de ser una enfermedad minoritaria para pasar a ser una voraz plaga. Una plaga sin cura, porque creedme que este mundo necesita a más “enfermos” que repartan esperanza.

Yo también tengo un sueño, como tuvo Martin Luther King... Estoy tratando de cumplirlo, pero necesito más personas dispuestas a enfermarse por completo de esperanza. Quiero que seamos un virus, no una enfermedad minoritaria.

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