Seamos un virus

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María Rodríguez
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Son malos tiempos para pedir la palabra, ya apenas alzamos la mano y nuestras voces no son capaces de sonar tan fuerte como podían hacerlo antaño. Son malos tiempos para hablar, principalmente porque no sabemos escucharnos ni a nosotros mismos y sobretodo porque tenemos la convicción de que al contar nuestros sentimientos nos volvemos débiles.

Al contrario de lo que pensáis muchos, las palabras no nos hacen débiles sino fuertes. Y si son malos tiempos para pedir la palabra, aún son más complicados para aquellos que queremos pedir ayuda.

En general son malos tiempos para casi todo, pero si trato de encontrar una explicación, creo que definitivamente son malos tiempos para la ESPERANZA, aquella que apagamos con más frecuencia que encendemos. La esperanza, ese sentimiento que te empuja a cambiar las cosas, es tan poco frecuente que puede que sea una especie de  "enfermedad rara" y que solo 1 de cada 100.000 de personas la tengan o padezcan.

Martin Luther King dijo una vez: "Si ayudo a una sola persona a tener esperanza, no habré vivido en vano" y su semilla, esa que se extendió cual virus, provocó que Barack Obama fuera presidente de los Estados Unidos. La esperanza puede ser un virus con bastante potencia de alcance si llega a la persona adecuada.

¡Ojo! No confundamos esperanza con fe. La esperanza es un sentimiento humano que crece muy adentro, en las entrañas, y que te empuja a cambiar las cosas. La fe es la espera mística para llegue la esperanza, lo que viene siendo un milagro. .La fe espera a que lleguen los milagros, la esperanza los provoca y esto lo hace a través de las personas que tienen esperanza.

En mi opinión, creo que hay que dar las gracias a los que creen, pero no a los que creen en cosas místicas, santos o dioses, sino a las personas que creen en otras personas y, sobretodo, a las personas que dan oportunidades a otras, porqué son ellos los que crean los verdaderos y auténticos milagros.

La mirada de mi hijo, fue lo que movió mis entrañas. La que provocó un fuerte virus que desde entonces hace que esté llena de esperanza. He decidido que los esperanzadxs dejemos de ser enfermedad minoritaria para pasar a ser una pandemia, porque necesitamos más esperanza en este mundo.

Yo también tengo un sueño, como tuvo Martin Luther King. Estoy tratando de cumplirlo, pero necesito a más personas dispuestas a enfermarse por completo de esperanza. Quiero que seamos un virus, no una enfermedad minoritaria.

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