Volver no es solo una peli de Almodóvar

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María Rodríguez
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Tengo una compi de batallas maravillosa, con la que aprendo cada día. Se llama Natalia y desde sus redes sociales visibiliza la esclerodermia, una enfermedad poco frecuente.

Estaba leyendo una de sus muchas reflexiones en Instagram y he recordado lo importante que es pedir tiempo para poder volver. No sé si te habrá ocurrido alguna vez, pero en ciertas ocasiones tengo la necesidad de desvincularme por completo y desconectar para volver a conectar con el mundo. Estar OFF para poder encender el ON.

Son épocas, etapas, momentos, llámalos como quieras, pero son intermitentes y a veces algo constantes. Quiero olvidarme de todo, de las redes, los amigos, el WhatsApp, el correo...y haciéndolo, lo que hago es olvidarme por completo de mí sin apenas darme cuenta.

Esa pausa, que muchas veces sufrimos en nuestras vidas, viene normalmente generada por el conflicto que generan los cambios que se producen tras la maternidad. Frases como: "no me reconozco", "ya no sé lo que me gusta", "no tengo tiempo ni para pensar ", "ya no soy la misma" suenan y resuenan en mis oídos. Muchas de estas frases las escucho cada día de otras madres y reconozco que alguna ocasión las he pronunciado, sobretodo en el pasado.

¿Qué ha pasado para que no nos reconozcamos? ¿Por qué nos cuesta tanto aceptar que cambiar es una de las cosas que más nos enriquecen como personas? ¿Echamos de menos nuestro "yo de antes"? ¿Por qué no querer a nuestra “yo de ahora”?

Probablemente sea por el hecho de que la maternidad llegó a nuestras vidas como un tsunami y tuvimos que adaptarnos para sobrevivir, dejando atrás la persona que éramos. La maternidad en los tiempos que vivimos nos hace renunciar y esto crea un claro conflicto en nuestro interior. En ese momento, en el que te das cuenta de que no eres la de antes y que no sabes hacia dónde se dirige la de ahora, nos castigamos llegando a ser nuestras peores enemigas.

Nuestro papel de madres no está reconocido ni valorado por la sociedad. Todos nuestros sacrificios personales son invisibles incluso en nuestra propia casa. Sin esta consideración por parte de los demás, pensamos que no hacemos nada relevante, llegándonos a tomar literalmente este juicio como una afirmación: Yo No Soy Relevante. Y quiero que sepas que está frase es una auténtica (y jodida) mentira.

No nos hacen falta logros profesionales, ascensos, dinero, fama o cualquier cosa que se te pueda pasar por la cabeza para sentirnos plenas y felices con nosotras mismas, con la mujer en la que nos estamos convirtiendo. No tenemos que castigarnos tanto por renunciar. Ya lo hicimos en su momento, eso es ya pasado. Renunciamos a unas cosas, es verdad, pero hemos dado hueco a otras mucho más importantes. La normas actuales nos hacen renunciar y esto es una situación injusta que viven miles de mujeres en nuestro país, una situación que se agrava cuando tu hijo o hija nace con una enfermedad poco frecuente. En ese momento nos convertimos en invisibles para que ellos no lo sean.

Es increíble, pero las madres que ejercemos de cuidadoras de nuestros hijos, no nos sabemos cuidar a nosotras mismas, a pesar de lo bien que lo hacemos con los demás.

Hace no mucho, una mujer algo sabía me dijo: "Cuide mucho de usted misma para poder cuidar a los demás." Y tengo que asumir que todavía, con Farid a punto de cumplir 9 años, no he podido encontrar la forma de aplicar, por completo, esta frase. Tengo etapas en las que me cuido, pero tengo otras en las que me olvido por completo de mí, aunque estoy aprendiendo a organizarme para poder tener mi propio tiempo.

Durante este aprendizaje, me veo de forma más nítida, más clara. Es indiscutible que soy mucho más fuerte que antes, pero también sigo siendo vulnerable. No sabía que tenía y debía enfrentarme a mí misma tantas veces para volver a quererme. He tenido que perderme y encontrarme millones de veces a lo largo de estos años. Alejarme y acercarme a personas, dejar y tomar ciertas actitudes para protegerme. Todos esos momentos y decisiones han creado mi yo de ahora.

Laura Baena, creadora del Proyecto MalasMadres, mientras recogía su premio “Mujeres a Seguir”, dijo en su discurso: “Que la m de mujer no aplaste a la m de madre". Y qué acertada estuvo. Me gustó tanto escuchar esta frase que no paré de reflexionar sobre ella. ¿Qué m sería la protagonista de las madres con hijos/as diversos/as? En mi caso, mi M de madre es mayúscula.

Esa M ha creado la mujer que ves, o lees, a través de estas palabras. Mi M de madre no me ha aplastado, me ha empujado a ser una nueva persona que, a pesar de no hacer todo bien, ha conseguido sentirse orgullosa de sí misma.

Ser madre, además, me ha permitido abrir nuevas puertas y prioridades en mi vida que, por suerte, han llegado a convertirme en esta nueva yo que estoy empezando a querer y admirar tanto. Tras el diagnóstico de mi hijo no solo me he convertido en una buena madre, sino que me he dado cuenta de que soy una gran mujer.

Volver, hoy más que nunca, es volver a quererMe, pero esta vez con la M de María. 

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