Y tuvo que llegar ÉL

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María Rodríguez
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Soy de las que piensan que ciertas personas pueden llegar a cambiar el mundo, algunas hasta lo consiguen. Si no cambian el mundo por completo si que pueden llegar a cambiar nuestra forma de verlo.


Pablo Ráez era uno de ellos. Tuvo que llegar él para contarnos su historia, que es la misma que comparten muchas familias, pero él la contó de una forma especial. No sé si era por su juventud, por su sonrisa contagiosa o por su forma de hablar sin tapujos sobre su enfermedad, pero la historia de Pablo llegó a todos los hogares.

Pablo no era un enfermo, a pesar de tener una enfermedad tan grave. Él decidió como vivir, afrontar y contar su enfermedad, que siempre estuvo a su lado, fue protagonista de su vida, pero no la protagonista principal. 

Pablo Ráez
Pablo Raéz y su incansable sonrisa.


Existen millones de historias anónimas como las de Pablo, historias que hablan de vida, no de muerte y Pablo les dio voz y fuerzas para seguir luchando. Se encargó de realizar el trabajo más duro y difícil que existe en estos tiempos: repartir esperanza. Y lo más generoso de todo es que la repartía mientras nadie se la daba a él.

Y tuvo que llegar él para darnos cuenta que la leucemia es una enfermedad cruel. Tuvo que llegar para darnos cuenta de lo importante que es donar médula, para saber que cualquiera puede ayudar a salvar una vida.  Tuvo que llegar él para darnos cuenta que nuestras ganas de vivir no van a la misma par que la investigación y la medicina, y eso es cruel e injusto. 

No es justo, tampoco, que los mandamases se acuerden ahora de Pablo cuando ninguno ha fomentado la investigación, no ha promocionado ni informado sobre los beneficios de la donación de médula, cuando se ha recortado tanto, tantísimos en los hospitales, cuando se deja el peso de una posible cura sobre el paciente. Cuando las Asociaciones y las Familias tienen que dar tanto en el momento en el que menos reciben. Cuando las cifras por muerte de cáncer o leucemia van aumentando año tras año.

 

Tuvo que llegar él para darnos cuenta lo injusto que es ver que la vida de tu ser querido no depende de la medicina, ni de los medicamentos ni de sus ganas de vivir para que se quede a tu lado.

Tuvo que llegar Pablo para después irse un 25 de Febrero. Tuvo que llegar e irse para quedarse con nosotros para siempre.

Buen viaje Pablo.

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